lunes, 20 de septiembre de 2010

75

Temblamos hace veinticinco años y seguimos recogiendo pedacitos de recuerdos, los nombres de los muertos imprevistos y las siluetas imaginarias de aquellos edificios que cayeron sobre la normalidad. Caminamos sobre las calaveras enterradas en el asfalto: esta ciudad que se consume a sí misma, vientre de la desgracia, asesina de sus hijos... Aún así, nuestro hogar.

2 comentarios:

Silencio dijo...

Ayer no pude salir, no más no, aun hay edificios por ahí, que no han terminado de tirar, aun debe haber muertos en los jardines-monumento, aun debe haber muertos que ante la posibilidad de una epidemia.

Furtiva dijo...

Chale... Yo tampoco pude salir. Un abrazo.