domingo, 7 de noviembre de 2010

95

No quiero lavarme de la piel este camino de dientes y dedos. No quiero olvidar que volví a casa de madrugada y había un hombre esperándome, guardando bajo la manta todo el calor que quedaba del otoño. No quiero perder esa calma traviesa, sus ojos hechos de verdades, los pequeños nombres con los que me llama desde el fondo de mis sueños. Me quedo esta tarde flotando en mis caprichos.

2 comentarios:

Máximo Ballester dijo...

Uff, me encantó. Estabas preciosamente inspirada aquí. Hermoso texto, flota una poética muy viva. Un beso.

Frank Invernoz dijo...

Un bonito poema energético. Gracias.