jueves, 2 de diciembre de 2010

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El agua del sueño se disipa poco a poco. Abro los ojos en el instante en que toda la ciudad lo hace pero me niego a despertar mientras recorro de ida y vuelta un camino temporal de veinte kilómetros, cantando. Ya es el tiempo de los cielos turbios que provocan la tos, de las luces vacías que no recuerdan nada importante, esta temporada de mentiras agobiantes. ¡Huye, marino! ¡Bella sirena, vuela al mar! Esta ciudad es un desierto de animales que agonizan.

2 comentarios:

Q dijo...

esta ciudad es un desierto de animales que naufragan. ¡vámonos sirena!

Furtiva dijo...

A dónde quieras, marino...